Un bote, dos botes, aquí llega el rebote

Imagino que habréis tenido oportunidad de ver las imágenes de los seguidores del Cádiz montando una bonita aglomeración en los aledaños del estadio Ramón de Carranza pre-celebrando lo que podría significar el ascenso de su equipo a Primera División si ganaba o empataba en su partido contra el Fuenlabrada. Algunos sí llevaban mascarilla, incluso bien puesta, pero si este elemento no se refuerza con el distanciamiento social y la higiene de manos, no resulta tan efectiva. Mucho menos si estás dando botes abrazado a tus colegas y poseído por el júbilo. No sé si será cosa del karma, pero al final el resultado del partido fue el único que no justificaba la fiesta. Perdieron. Aunque los aficionados cadistas se anticiparon, al día siguiente volvieron a jugar a la ruleta rusa y, quién sabe, si quizá también contribuyeron a aumentar los 19 brotes activos y 349 contagios reportados este domingo en Andalucía.

Quizá también habéis visto la estampa que dejó un concierto de música electrónica en Niza la noche del sábado, con las mascarillas brillando por su ausencia y los miles de asistentes bailando, bebiendo y mezclándose sin ningún temor, como si no llevara el país vecino más de 170.000 casos de coronavirus detectados.

No son hechos aislados. Cada día las redes sociales se encargan de viralizar fiestas masivas en discotecas cerradas o botellones multitudinarios donde se comparten todo tipo de fluidos corporales, a pesar de que venimos de un confinamiento decretado para contener la expansión del coronavirus.

Pero no hay que irse de juerga para tentar a la covid. Yo misma he visitado esta mañana el IKEA de Alcorcón (Madrid) y en algunos pasillos de su exposición de muebles coincidíamos tantos clientes que resultaba complicado que corriera el aire. Aún sin música dance ni chirigotas que animaran a dar saltos o bailar, no teníamos nada que envidiarles a los de Cádiz y Niza. Eso sí, todos con mascarilla, pero sin control de aforo ni personal que facilitara el flujo ordenado.

Yo no iba buscando una aglomeración, aunque es evidente que un domingo de la nueva normalidad IKEA va a seguir siendo lo más alejado a un retiro espiritual. Quiero decir que no es fácil querer reanudar la vida tal y como la conocíamos. Y no es por justificar a los que se comportan como si no hubiéramos tenido las UCI colapsadas y los féretros en pistas de hielo, pero comprendo que haya quien considera que vivir sin asumir riesgos no es vivir y mientras les dejen, van a seguir disfrutando del verano, el calor y el final de Liga. 

Ese es el problema. Queremos volver a hacer la vida que hacíamos antes del coronavirus. Queremos fiesta, barbacoa y perreo. Queremos que la economía remonte rápidamente y los negocios recuperen el ritmo perdido. Pero todo esto es incompatible con la nueva realidad. Y aunque las autoridades nos lo recuerdan, como no hay prohibición de por medio, vamos de rebrote en rebrote directos a una nueva desescalada por fases, pero en sentido inverso.  

Comparte si te gustó

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *