Qué importa lo que diga Victoria Abril sobre la pandemia

Me impactó su Gloria en Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, de un debutante Agustín Díaz Yanes. Sufrí con su Marina en Átame, de Pedro Almodóvar. Odié a su Luisa en Amantes, de Vicente Aranda. Y me sedujo su Miranda de Entre las piernas, de Manuel Gómez Pereira. 

Victoria Abril nos ha regalado fabulosos momentos como actriz. Era y es una de las grandes y, por lo que dicen en la industria del cine, muy profesional en su campo. Se merece todos y cada uno de los premios que le han concedido por su carrera cinematográfica. También el Feroz de Honor que va a recibir el martes en la gala de estos premios que concede la Asociación de Informadores Cinematográficos de España.

La actriz se ha ganado a pulso todo el reconocimiento de los críticos, el público y la profesión. Aunque luego en las entrevistas y en los discursos deje brotar la mala leche que lleva dentro. No creo que sus salidas de tiesto le pillen a nadie por sorpresa. Fuera del set de rodaje y de la pantalla grande, Victoria Mérida Rojas siempre ha tenido un carácter muy particular. Impertinente, marisabidilla, por no decir sobrada, antipática, borde, maleducada, visceral, excéntrica, insoportable… Todos estos calificativos encajan con la mujer que proyecta cuando no está representando ningún personaje. Y a esa lista hay que añadirle ahora el de ‘cuñada’ negacionista. Bueno, nadie es perfecto y cada uno tiene lo suyo.

Presentación del Premio Feroz de Honor a Victoria Abril

A mí no me ha escandalizado lo que ha dicho Victoria Abril sobre la pandemia. Ese discurso no es nuevo. Lo comparten muchos otros ciudadanos que cuestionan la Covid-19, las medidas sanitarias, las vacunas exprés y las restricciones adoptadas para combatir el virus. La diferencia es que esos ciudadanos anónimos no tienen unos preciosos minutos de atención mediática para esparcir sus teorías sin fundamento. Pero ni ellos ni la actriz tienen ninguna autoridad como líderes de opinión en esa materia específica. El problema es que alguien pueda adoptar como propias esas ideas tan descabelladas y dar crédito a quien las verbaliza por el simple hecho de ser un personaje popular

Que conste que defiendo el derecho de Victoria Abril y cualquier otra celebridad a hablar y opinar sobre lo que le dé la gana, aunque no tenga que ver con su oficio. Igual que hacemos el resto. Si no, la vida sería un aburrimiento y los temas de conversación se nos acabarían pronto. 

Afortunadamente vivimos en un país donde hay libertad de expresión, así que todos opinamos sobre todo y creemos entender de todo. De fútbol, de política, de música, de educación, de salud o de la pandemia. Pero asumamos, eso sí, que cuando se trata de materias sensibles que no dominamos y en las que hablamos de oídas, nuestro punto de vista importa lo mismo que el de Victoria Abril. Es decir, una mierda. 

Dejadme acabar con alguien que explica todo esto mucho mejor que yo: el entrenador de fútbol alemán Jürgen Klopp. Al comienzo de la pandemia en Europa, allá por marzo de 2020, le preguntaban en una rueda de prensa si estaba preocupado por el coronavirus y él respondía así.

La opinión de Jürgen Klopp sobre el coronavirus no es relevante. Ni la de Victoria Abril. Ni la mía. Lo que de verdad importa es lo que tengan que decir quienes tienen en su mano la solución a esta crisis sanitaria. No le demos ya más vueltas. 

Comparte si te gustó

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *