No contéis conmigo para lapidar al Rubius

No conozco a nadie que disfrute pagando impuestos. ¿Os imagináis a alguien sucumbiendo a la arrebatadora excitación de ver entre los movimientos de su cuenta bancaria, por ejemplo, el cargo del IBI? ¿O a un contribuyente eligiendo la opción menos favorable de su declaración de la renta porque le pone cachondo? No digo que no exista, que de todo hay, pero no suele ser frecuente en este país donde todavía te preguntan eso de “¿La factura con IVA?”. 

Aunque soy muy de soñar despierta, me reconozco incapaz de imaginarme ganando un sueldo de 6.000 euros al mes. Tampoco me arriesgo a afirmar con rotundidad si, en ese hipotético y más que improbable caso, me molestaría que la Agencia Tributaria se quedara la mitad. Supongo que sí, como a cualquiera, aunque esté claro que con 3.000 euros tendría más que suficiente para mantener mi austero estilo de vida en pandemia. La única certeza que atesoro es que esta circunstancia concreta no me empujaría a emigrar. Debería haber algo de más peso que solo la posibilidad de duplicar el saldo de mi tarjeta oro para hacerme abandonar el lugar donde tengo mi vida. 

El caso es que no queda otra que pagar. El argumento siempre es el mismo: «Hacienda somos todos» y cada uno tenemos que aportar en función de nuestros ingresos para sostener el país, construir infraestructuras o costear servicios para el ciudadano, como la sanidad y la educación públicas. Al final, vendido así, parece que recibimos más de lo que damos. 

A pesar de todo, no seré yo quien critique al Rubius. En mi modesta opinión, el único error que ha cometido ha sido contar que se iba a mudar a Andorra. ¿Qué necesidad había de desvelar públicamente sus intenciones? ¿Es que va a cambiar algo el contenido que ofrece a través de Youtube o Twitch? No. Sus seguidores van a seguir viendo sus vídeos o directos, y la escenografía seguirá siendo la misma, una habitación que podría estar en Madrid, Oslo, Andorra o Castelflorite

Si hubiera omitido ese pequeño detalle que pertenece a su vida privada y es totalmente legal, por cierto, ahora no estaría siendo objeto de un desproporcionado linchamiento público, ni se habría orquestado esta operación de acoso y derribo, por otra parte, muy de este país. 

Qué queréis que os diga. El youtuber está en su derecho de cambiar su país de residencia por el motivo que considere. Por estar más cerca de sus colegas, buscar tranquilidad, conseguir mejores condiciones de vida o pagar menos impuestos. Faltaría más. Lo mismo que han emigrado a otros países un montón de jóvenes sobradamente preparados en busca de una oportunidad laboral que no encontraban aquí. Os recuerdo que España tiene un 40% de paro juvenil, casi triplica la media europea. 

Los que salimos perdiendo con la marcha de todos ellos, también del Rubius, somos el resto, los que nos quedamos. España no se puede permitir el lujo de dejar escapar el talento, en el campo que sea, porque es un activo para el país. Y sí, aunque a algunos os caigan como una patada en el estómago, más por envidia que por otra cosa, y otros no entendáis este fenómeno, lo único cierto es que cuantos más youtubers multimillonarios tengamos cotizando en el país, mayores ingresos reportarán a las arcas públicas. Y eso es riqueza para todos

A lo mejor lo que había que plantearse es cómo podemos retener al Rubius y al resto de jóvenes youtubers que han cambiado España por Andorra. Y también cómo conseguir que regresen todos los jóvenes sanitarios, ingenieros e investigadores españoles que un día dejaron este país en busca de una oportunidad y se han asentado en Reino Unido, Alemania, Francia o EEUU, donde sí les ofrecieron un presente y un futuro. Ahora los necesitamos a todos más que nunca.

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Un comentario sobre “No contéis conmigo para lapidar al Rubius

  1. carlos Contestar

    Gracias. A la vista de los ataques que ha recibido este chaval, incluso por sesudos profesores, creía estar en un país distópico.
    Me da ánimo pensar que, simplemente, es tener miedo a otro menos chaval que nos está amenazando con las furias de Stalin mientras él vive en su dacha de nuevo rico.

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