Hechizo de Luna

Se llama Luna, tiene 20 años, es de Móstoles y se encuentra en Ceuta realizando las prácticas del Grado Superior de Integración Social. Formaba parte del dispositivo de la Cruz Roja desplegado para socorrer a los inmigrantes que llegaban por el mar desde Marruecos. 

Ella es la protagonista de la imagen de la semana, esa en la que aparece fundida en un abrazo con un desconsolado joven subsahariano en la playa del Tarajal. Él parece exhausto después de recorrer a nado las aguas que separan ambos países. Llora porque asume que la travesía hacia Europa termina ahí y porque teme que uno de sus compañeros de aventura no va a poder sobrevivir. Es el que aparece detrás, rodeado de efectivos de emergencias que tratan de reanimarlo.

Luna, voluntaria de Cruz Roja, consuela a un inmigrante

Con naturalidad, Luna le da agua, le acaricia y termina abrazándole mientras él parece buscar un hombro en el que desahogar la pena. Luna hace lo que cualquiera con un mínimo de empatía y sensibilidad habría hecho en esas circunstancias. No ve un invasor peligroso, sino un ser humano que necesita ayuda y compasión. 

La imagen de Luna y el inmigrante senegalés, que finalmente fue devuelto al otro lado de la frontera y cuyo nombre no ha trascendido, ha dado la vuelta al mundo y hechizado a todos. También a mí. Como esa luna llena en el cielo de la que no puedes apartar la vista en esas noches en que sobran las farolas. 

Todavía hay esperanza, pensé. El mundo está lleno de gente buena, celebré. Habrá un día que el color, la procedencia, la religión, el aspecto o la posición social no nos importarán nada. Solo seremos seres humanos, me dije a mí misma. Pero el subidón me duró poco. 

Pronto empecé a leer en las redes sociales comentarios vomitivos contra Lun y se desvaneció el hechizo. La realidad se abría paso. Había tuiteros que calificaban su gesto de postureo. Alguno iba más allá e introducía en la escena insinuaciones sexuales con una bajeza insoportable. Percibí el desprecio hacia las organizaciones humanitarias, el odio hacia al diferente, la aversión hacia el pobre, un miedo irracional, acusaciones, amenazas, machismo, violencia, racismo y mucha ignorancia. 

Luna abraza al inmigrante senegalés

Cuando luego contraatacaron multitud de usuarios de la red con muestras de solidaridad y gratitud hacia ella, el daño ya estaba hecho. Luna tuvo que poner el candado a su cuenta en Twitter y yo seguí observando las imágenes que compartían las televisiones, tratando de recuperar el hechizo. Lo que vi terminó de convencerme de lo que realmente importa. Soldados, guardias civiles, policías y legionarios ayudaban a los menores que habían llegado en avalancha a Ceuta, la mayoría engañados. Algunos, creyendo que iban a ver a Cristiano Ronaldo y la otra mitad, confiados en que al cruzar a España se les acabaría la vida de miseria. 

Miraba salir del mar a esos chavales y veía a mi hijo de 16 años. Le imaginaba escapando de casa para cruzar la frontera y se me encogía el alma. Se lo recomiendo como ejercicio de humanidad a quienes estos días han lanzado tanta bilis porque se sienten amenazados por esos miles de niños que aún esperan en naves del Tarajal a conocer cuál será su destino. Esas criaturas que ellos consideran fuente de problemas, gandules y futuros subvencionados del Estado español. Que piensen que podrían ser sus hijos, sus hermanos, sus nietos o sus sobrinos, a ver si así se les remueve algo dentro. 

Francamente, no concibo cómo alguien que presume de moral estricta, valores tradicionales y profunda religiosidad puede hacer gala de tan poca caridad cristiana. Sospecho que para cambiar eso va a hacer falta más que un hechizo.

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